CÉSAR FRANCO RIVERO : “Yo tuve una infancia que me inspiró ideas y, así como yo, también los niños en mi pueblo”.
César Franco Rivero (Manicuare, Sucre. 1953). Nació en Manicuare, Península de Araya, estado Sucre. Autor de poemas, cuentos y obras de teatro y cultor popular, fundó el Centro Cultural Cruz Salmerón Acosta (1972), dedicado al rescate de la obra literaria de este poeta y la imagen de un hombre adorado por su pueblo. Fue laureado de la VI Bienal de Literatura Infantil Cruz Salmerón Acosta con el poemario El cayuquito de Chucho, publicado por Monte Ávila Editores Latinoamericana (2022).
Ha participado en los talleres nacionales Tu historia te espera, Álbum de libros y De la anécdota al cuento existe un trecho, presentado por el Centro Nacional del Libro (Cenal) en modalidad digital. Respecto a la obra A las nubes en un velero (I Bienal Nacional De Literatura Infantil y Juvenil 2023 Carmen Delia Bencomo), editado por Monte Ávila Editores Latinoamericana y Fondo Editorial Carmen Delia Bencomo IBIME del estado Mérida. El autor afirma que este libro de cuentos es una colección de trabajos creativos e imaginarios relacionados con la vida infantil en los pueblos de montaña y mar del estado Sucre, según la experiencia y creatividad de las personas más humildes, que ayudó a inculcar a su pequeña nieta.
Además, ha publicado los libros:
· Guía Básica para la Agricultura Orgánica Urbana. I edición. Ediciones de la Red de Escuelas Agroecológicas Ezequiel Zamora (2010).
· Guía Básica para la Agricultura Orgánica Urbana. II edición (más actualizada). Fundación Editorial El perro y la rana. Sistema nacional de imprentas del estado Sucre. (2015).
Su obra se basa en costumbres humanas tradicionales, centrándose en valores conservadores, preservando la vida en el planeta, como una forma de promover la salvación de la especie humana desde los espacios locales.
¿Cómo equilibra la necesidad de transmitir un mensaje o una lección con los objetivos de contar una historia entretenida? ¿Cómo se enlazan estos dos elementos?
Bien, yo escribí hace poco una ponencia, donde expongo que la literatura infantil no puede conformarse solamente con entretener. Porque también debe formar identidades que enlacen el corazón y la mente. a la defensa y protección del lugar de origen, seducidos por el amor que tenemos por nuestro entorno. Ello nos ayudará a considerar nuestras raíces, a valorar nuestra lengua, nuestras costumbres, nuestro territorio, nuestra historia y nuestras luchas, y favorecer la actitud natural de la mente para hacer y resolver preguntas esenciales mientras estimula la inteligencia.
La literatura infantil no es solo un medio de entretenimiento o instrucción; es una herramienta poderosa para la formación de la identidad cultural. Leer historias que vienen de nuestra tierra, que navegan nuestras aguas, que hablan nuestra lengua, que evocan nuestros paisajes y costumbres, que cuentan nuestras experiencias y tradiciones, nos ayuda a sentirnos parte de una comunidad, al mismo tiempo a abrirnos a otras voces y culturas que nos enriquecen y nos preparan para convivir en un mundo lleno de adversidades e incertidumbre.
Cuando nuestros niños y niñas leen un cuento ambientado en su región, escrito en la lengua materna, protagonizado por personajes que hablan como ellos, visten como ellos o viven situaciones similares a las suyas, ocurre la magia de sentirse reconocidos. Esa experiencia no solo favorece su autoestima, sino que también manifiesta que su cultura tiene valor. que su historia importa, que sus palabras y sus acciones son dignas de ser contadas.
¿En qué momento del proceso creativo usted inicia la colaboración con ilustrador o qué importancia le da esa relación para el resultado final?
Bien, yo no he tenido la experiencia concreta de colaborar con la ilustración de mis obras. Pero pienso que la relación con el ilustrador o la ilustradora debería concretarse después de la revisión y aprobación final del texto, o sea, del manuscrito. Cuando uno se asegura que el texto no tendrá grandes cambios, el ilustrador podrá hacer mejor su trabajo. El ilustrador recibe el texto definitivo para empezar a conceptualizar.
En el caso del libro-álbum, que es diferente, debería recibir la obra temprano, tras el primer orador, solo del texto. En este formato la ilustración no solo decora, sino que narra la mitad de la historia. El ilustrador puede ofrecer retroalimentación, alejar extracción del texto que se llenarán visualmente, enriqueciendo la obra desde el inicio.
Es decir, el ilustrador complementa el trabajo que hace el escritor en el texto. Y no solamente lo complementa, sino que lo enriquece. Y es una colaboración en función de darle al niño las mejores imágenes, para que el niño construya su propio discurso, su propio texto, su propia narrativa.
Con respecto a la inspiración y los temas, ¿cuáles fueron sus libros favoritos durante su infancia y cómo cree que influyeron en su propia escritura?
Te vas a sorprender, pero yo no tuve la dicha de tener libros en mí infancia. Sin embargo, éramos muy pobres. Y no había con qué comprar libros, sino solamente para la alimentación más que todo. Sin embargo, yo pude disfrutar de los cuentos que llegaron a mis oídos a través de la oralidad. Mi madre, a pesar de su escasa instrucción, me contaba cuentos que estimularon mi imaginación y mi creatividad.
Recuerdo que una vez despertó antes del amanecer de una noche estrellada para que nos deslumbráramos con la imagen de un cometa que iluminaba el cielo de Manicuare. Eso incrementó mi pasión por los secretos del cosmos, del universo. Ella para incentivar mi sueño, el mío y de mis hermanos, contaba su visión del mundo y sus experiencias adquiridas desde su niñez.
Tampoco tuve juguetes elaborados. Nunca tuvimos para comprar juguetes elaborados, lo cual nos obligó a construir nuestros propios juguetes y a inventar juegos imaginarios en la calle, en la playa, en el monte, que desarrollaron nuestro mundo interior.
Yo tuve una infancia que me inspiró ideas y, así como yo, también los niños en mi pueblo. Que nos inspiró ideas y temas para escribir. A mí me inspiraron ideas y temas para escribir mis obras de literatura infantil.
Tampoco había biblioteca durante mi infancia en el pueblo, pero cuando empezó mi juventud, organicé, como tú dijiste en la reseña biográfica, con otros jóvenes del pueblo, el Centro Cultural Cruz Salmerón Acosta. Y nuestro primer objetivo fue la biblioteca para contribuir con la población cultural, de los habitantes y de los niños de mi tierra.
Allí de ahí, por primera vez, el cuento “Panchito Mandefuá” de José Rafael Pocaterra, el cual definió mi posición social a favor de los poseídos.
Cuando yo llegué a Cumaná, porque vine a Cumaná a estudiar bachillerato, me detenía en las librerías, a mirar los libros en exhibición que no podía comprar. Con una mirada, de un sentimiento de tristeza. Claro, antes no había competencia con los libros para poder obtener conocimiento. Antes no había esa competencia. Y posteriormente en mi etapa juvenil pude leer “Miguel Vicente Pata Caliente” de Orlando Araujo, y ese libro estimuló mi ilusión de viajar por Venezuela. Al final lo he hecho, me faltan ya muy pocos estados por conocer.
Si pudiera usted darle un consejo a su Yo de la infancia sobre la lectura, ¿cuál sería?
El consejo que me hubiera gustado aplicar a mi yo infantil. Lo estoy poniendo en práctica ahora con mi nieta. Desde que tenía año y medio de edad. le hemos proporcionado cuentos ilustrados o libros álbum para que ella misma construya su propia narrativa, su propio drama, a partir de la observación, interpretación de las imágenes que aparecen ahí. Además, durante los días que pasa en nuestra casa, su abuela (mi esposa) y yo, le leemos cuentos hasta que se queda dormida a nuestro lado.
Paralelamente a esto, yo desarrollo talleres de lectura y escritura creativa con ella y con otros niños. Inclusive lo estamos haciendo con maestros en la escuela de la comunidad donde yo vivo aquí en Cumana. Buscando inspirar la formación de nuevos lectores y de nuevos escritores.
A mi nieta, a sus cinco años, sin saber leer ni escribir fluidamente, ha creado tres cuentos infantiles completos. Pequeñitos, pero han sido completos. Tienen todos sus principales cuentos y ella los ha creado ella misma. Mi función ha sido únicamente la de servir de medio para transformar su imaginación en letra escrita, porque todavía no sabe bien leer y escribir. Está en esos pasos.
Sobre el impacto y la audiencia. ¿Cuál ha sido, profesor, la reacción más memorable que ha recibido de un joven lector? Bueno, con su nieta, creo que responde a esta pregunta. Sin embargo, ¿qué nos podría comentar?
Sí, la más memorable ha sido la de ella. Que a partir de lo que hemos trabajado con ella, con los cuentos, con la poesía, inclusive ella ha escrito ya tres cuentos. Pero fíjate el día que doné en mis dos libros, “El cayuquito de Chucho” y “A las nubes en un velero”, a la pequeña biblioteca de la escuela Cruz Salmerón Acosta de Manicuare, la misma donde yo aprendí mis primeras letras, los niños se mostraron sonrientes y entusiasmados. Escuchar y leer los poemas y cuentos que se relataban historias del pueblo y reflejaban sus experiencias cotidianas fue una emoción gratificante para ellos y la reafirmación de mi convicción sobre la importancia de escribir y narrar la vida de mi tierra.
Esa fue una gran emoción que recibí de parte de esos niños, que entusiasmados sonreían ante el relato y ante la poesía que contaba la historia de la tierra donde ellos viven. Eso fue importante.
Con respecto a la era digital ¿Cómo cree que ha cambiado o se ha mantenido la conexión de los niños con los libros físicos?
En esa ponencia que hice yo en la Filven, también escribí algo y dije algo que es importante. Uno de los retos más urgentes es la promoción de la lectura en los entornos donde las pantallas compiten constantemente por la atención de niños y jóvenes. Las redes sociales, los videojuegos y el entretenimiento audiovisual inmediato, representa una competencia difícil, muy difícil de contrarrestar, si no hay innovaciones en los formatos y en las estrategias pedagógicas para enseñar. La sustitución de la memoria colectiva y la búsqueda colaborativa de información por la gratificación instantánea de los buscadores en línea, es una amenaza que pretende borrar los recuerdos y los saberes comunitarios.
El proceso de intentar recordar a menudo, compartido entre amigos o familiares, es una experiencia comunitaria valiosa, y la tecnología ha privado a la gente de esa condición y de la satisfacción de encontrar la respuesta en el momento menos esperado. El auge de la tecnología como los motores de búsqueda, han reemplazado la necesidad de recurrir a la memoria de otras personas y por eso se pierde el contacto con ellas y solamente quedamos a merced del celular, más que todo. Preservar el libro impreso no significa rechazar la tecnología, sino equilibrar su uso y reconocer que la diversidad de formatos también fortalece la lectura. Debemos seguir apostando por ediciones cuidadas, distribución física en comunidades alejadas y políticas públicas que garanticen la existencia de bibliotecas bien surtidas y con talleres de lecturas en espacios comunitarios, sobre todo en los espacios comunitarios de la gente más desposeídas; extender planes de lectura, empezando por la formación de docentes y mediadores de lectura que ya lo estamos haciendo aquí, que comprendan la importancia del acto de leer para preservar la identidad, teniendo como herramienta la literatura infantil y juvenil , además de fomentar el reconocimiento y apoyo económico a los autores e ilustradores comprometidos con esta temática, esa es mi posición en torno a eso porque si no le damos aporte a los escritores, siempre vamos a tener una desventaja ante la tecnología de las imágenes, que es lo que está desvirtuando todo el acto de leer.
En lo personal si solo pudiera salvar uno de sus libros, ¿cuál sería y por qué?
Si alguna eventualidad amenazara la existencia de la literatura y me viene la necesidad de rescatar alguno de mis libros, yo salvaría a ambos sin dudar. Y es que tanto “A las nubes en un velero” como “El cayuquito de Chucho”, resguardan en sus páginas mucho más que letras, contienen la historia de mi infancia y la de todos los niños de mi tierra. Son el testimonio vivo de la diversidad cultural de un pueblo que ha habitado nuestro territorio desde hace más de 5 mil años porque allí hablan de toda la tradición que ha tenido el pueblo y que sigue manteniendo gracias a un trabajo cultural que nosotros empezamos en 1972 con el Centro Cultural Cruz Salmerón Díaz, y hoy lo estamos viendo y le estamos dando una mayor relevancia con un grupo que hemos constituido que se llama los cultores salmeronianos en honor al poeta del pueblo Cruz Salmerón Díaz.
Y, para terminar, ¿que está leyendo actualmente que le haya entusiasmado?
Bueno, yo acabo de leer o acabo de terminar de leer varios libros. Volví a leer “El Faro del Fin del Mundo”, que lo tenía medio olvidado por ahí y ese libro es de Julio Verne, “El relato de un náufrago”, “El coronel no tiene quien le escriba” de Gabriel García Márquez y actualmente estoy leyendo “Temas de literatura indígena”, que acaba de publicar Esteban Emilio Mosonyi. Y luego me está esperando por allí, una novela que conseguí en la feria del libro que hicimos aquí en el estado Sucre, de esos libros usados que siempre lo venden más baratos y pude comprarlo, que es la novela “El nombre de la rosa” del escritor Humberto Eco, la cual pude comprar para saldar una deuda con su lectura, que desde hace ya mucho tiempo no había podido comprar, ni la conseguía tampoco. Eso es lo que ahorita estoy leyendo “El nombre de la rosa”, me intriga este tipo de lectura.
Es así, como gracias a esta entrevista que nos permitió, vía telefónica, que pudimos conocer lo más humano del escritor Cesar Luis Franco Rivero, sus anécdotas desde niño al lado de su madre y sus hermanos, en un hogar humilde, pero con una imaginación incalculable entre el mar y las montañas del oriente venezolano. Actualmente, recoge ese fruto junto a su nieta y junto a las niñas y los niños oriundos del estado Sucre, creciendo entre cuentos y poesías ha despertado ese interés en la escritura y la lectura de los más pequeños.
OMAOSO

