Carolina Álvarez, autora, editora, educadora, promotora de la lectura y organizadora de talleres de escritura creativa, originaria de Maracaibo, nacida en 1961.
Por más de cuatro décadas ha enseñado Lengua y Literatura. Estuvo a cargo de los semanarios infantiles “El Correo del Orinoco en la escuela” (2010-2015) y “Pirueta” (2015-2020), además de ocupar la Gerencia editorial en Monte Ávila Editores Latinoamericana. Fue ganadora del Concurso Nacional para Autores Inéditos, en la categoría de Narrativa con su obra ”Las trinitarias y Barba azul” (2010), además de publicar en esta casa editorial “Algunos delitos mínimos” (2022), que comprenden dieciocho relatos enlazados entre lo ficticio y lo cotidiano.
¿Cuál es su método para el primer borrador? Siendo usted, si es una planificadora que traza toda la historia o descubridor que deja que la historia se desarrolle a medida que escribe.
Fíjate, como yo escribo cuentos, no todos los cuentos tienen el mismo origen ni el mismo sistema. Por lo general, pienso, quiero escribir sobre esto y voy desarrollando la obra. A veces no sé cómo va a terminar, por eso no me veo como planificadora. Pero sí tengo una idea de lo que quiero decir. Muchas veces ese borrador surge en un autobús. Oigo una persona que dice una frase y me parece interesante. Oigo gente que está hablando y tomo la idea y escribo. Y de allí voy desarrollando. O, como muchos escritores, algo que me pasó lo vuelvo ficción. Voy creando los personajes, voy inventando. Y luego se va desarrollando la historia. Sería más o menos eso. Lo que sí, puedo decir es que nunca el primer borrador se parece a lo que sale al final. Generalmente corrijo muchísimo.
¿Tiene algún ritual, algún horario o algún ambiente específico que considere esencial para el proceso de su escritura?
Sí, sí. La primera idea puede ser en cualquier sitio. Pero cuando quiero escribir y dedicarme a escribir tengo que tener muchísimo silencio. Y tengo mi escritorio aquí en Cagua, pude adaptar uno de los cuartos y me encierro prácticamente. Y siempre en las mañanas. Soy productiva en las mañanas. Después de almuerzo ya no rindo nada. Pero sí necesito silencio. No puedo ni siquiera escuchar música. Bueno, hay gente que pone música y todo esto, yo no. Yo necesito mucha tranquilidad y haber resuelto todo lo del día para poderme concentrar.
En relación a los personajes y los temas ¿cómo conoce o desarrolla esos personajes? ¿O hay alguno de sus personajes que haya tomado vida propia y lo haya sorprendido?
Ahí sí te puedo decir que casi todos mis personajes son alguien que he visto, que he conocido. Por supuesto lo vuelvo ficción. En el sentido de que no es la biografía de nadie. Ni mi biografía. Están basados en personas que existen. Y luego yo les voy inventando una historia.
A mí me gusta, por ejemplo, a lo mejor estar en un restaurante o una cervecería o algo. Y entonces uno ve a alguien y se inventa el personaje. Pero luego descubres que se parece a alguien que conoces. Bueno, yo descubro que se parece a alguien que conocía. O que es hasta familiar. Pero así que me sorprenda y que tome vida propia, no. Solo me ha pasado que, por ejemplo, escribí un cuento y luego, pero no personajes, sino situaciones. Entonces digo, ¡ay esto se parece a un cuento que yo escribí que pasó esto! Pero no el personaje, sino tal vez las situaciones.
¿Hay elementos de su propia vida, alguna experiencia o emociones que se hayan infiltrado de alguna manera en la narrativa de manera inesperada?
Mira, yo creo que todo narrador, de alguna manera, se basa en algo que ha vivido. No necesariamente vivido como biografía, como te decía antes. Sino algo que te pasó. Es muy difícil escribir sobre algo que no conoces. O sea, uno escribe sobre lo que conoce, y uno lo que conoce es la vida que lleva. Ahora, eso no quiere decir que no exista fantasía, que no exista la creación sobre un mundo. Pero de alguna manera están basados en algo que yo he vivido. No es biografía ni tiene que ver con mi vida directamente. Pero yo creo que incluso los que escriben relatos fantásticos, de alguna manera, se basan en algo que han vivido. O han visto o saben qué está pasando. Porque si tú no escribes de manera honesta y auténtica, el lector lo nota. Digo yo que, al menos a mí no me gusta un texto que no sea auténtico. Pero eso no quiere decir que eso le haya pasado al autor. Pero también me ha pasado que conozco algo o quiero escribir sobre algo y entonces investigo. Investigo la geografía, investigo cómo era. Por ejemplo, escribí una vez sobre un personaje, supuestamente mi tío, bueno, no es parte de la biografía de mi tío, pero él se había ido a España a un monasterio. Pero yo jamás había oído hablar de los monasterios, ni sé cómo son. Entonces uno investiga cómo son los monasterios, dónde están, qué pasa, cómo es la vida monástica. Aunque sea un texto de dos páginas, hay que investigar para que suene que es verdad.
Profesora, acerca de la carrera y la publicación, ¿qué autores o libros considera que han tenido la mayor influencia en su estilo o en la visión de su narrativa?
Mira, a mí lo que más he leído y lo que más me gusta son los autores, las mujeres latinoamericanas. Ahora estoy como un poco fanática porque me gustan más, me parece que tienen un mundo más rico. Estoy leyendo muchos autores latinoamericanos. Clarice Lispector, Diana Hacker, hay muchas, muchas autoras. También autores latinoamericanos. En un principio, por supuesto, leí a García Márquez y a Cortázar. Y un autor que me gustó muchísimo, el argentino Mempo Giardinelli. Yo creo que los cuentos de Mempo me influyeron mucho. Pero, sobre todo, pienso que… Y también he leído mucho de literatura brasileña. Por eso me gusta mucho Clarice Lispector. He tratado de leer autores y he leído, me gustan autores norteamericanos y me gustan autores europeos, pero no siento que influyan en mi escritura para nada
Y si pudiera darle un solo consejo a alguien que recién comienza a escribir narrativa, ¿cuál sería?
Que lea. Creo que la mejor manera de aprender a escribir, por supuesto, es escribir. Para presentarte tienes que escribir, pero la mejor manera de aprender es leer mucho. Tienes que leer textos narrativos, también poesía. A mí, por ejemplo, yo siento que me falta un poco más de lectura de poesía, porque la imagen, la metáfora, eso lo encuentras en la poesía que luego enriquece la narrativa. Entonces, yo creo que el consejo que le daría a cualquiera que quiera escribir es que lea. Que lea mucho y que lea de todo.
Si solo pudiera salvar un objeto de su escritorio o de su área de trabajo como tal ante de un posible desastre, ¿cuál sería y por qué?
Fíjate. Tú me dices eso y yo pensé … Bueno, si soy escritora debería guardar un bolígrafo, pero entonces luego pensé, bueno, pero tú puedes escribir hasta con un carboncito en un papel. O no tiene que ser un papel, en cualquier superficie plana tú podrías, pero yo creo que lo que me llevaría sin duda es un libro que se llama “17 Narradoras latinoamericanas”.
Te decía que me gustaba la escritura de mujeres. Es un libro que saca el CERLALC, que son colecciones de textos latinoamericanos para jóvenes. Son 17 narradoras, todas buenísimas, todos textos maravillosos y eso no quisiera que se me perdiera nunca y creo que eso es lo que me llevaría, este libro de “17 Narradoras latinoamericanas”.
De esta manera, culminamos esta amena entrevista, con mucho agradecimiento por parte de la profesora Carolina Álvarez, como muy bien lo expresó: “Es mi casa, mi casa editorial y toda la gente de ahí siempre me trata súper bien”, y de nuestro lado le deseamos que continúe con este maravilloso acto de escribir cuentos, que motivan y recrean la imaginación al público lector.
Omaoso

